Y, además, no es gestionar.
Es resolver urgencias urgentísimas que cuestan dinero.
Mucho dinero.
Es más, cuanto más tiempo dedica uno a apagar fuegos, peor es la gestión.
Me da igual que sea queriendo o sin querer. La triste realidad es que, cuando escuches a alguien que se autodefine como «apagador de fuegos», algo no está funcionando bien en su empresa.
Ya puede ser un encargado, un jefe de obra, el jefe de administración o el director general.
Te lo voy a ilustrar con un ejemplo que se va a entender a la primera:
Si tengo tiempo para planificar la obra, sabré que dentro de dos meses necesito la carpintería de aluminio.
Si la pido hoy, dentro de 45 días estará fabricada y lista para servir.
Si me la sirven cuando toca, los operarios no paran y todo va según lo previsto.
Pero si la pido el mes que viene, dentro de 50 días estaré apagando el fuego de la carpintería que no llega, de los operarios que se quedan parados, de la obra que se retrasa y de los costes indirectos que se disparan (y los directos también).
Y, al final, todo mal.
Eso sí, cuando acabe ese día de los demonios, igual estoy hasta contento por la cantidad de fuegos que he conseguido apagar.
Y, entre tú y yo, visto en perspectiva, no hay motivo para estar contento.
Más bien todo lo contrario.
Porque apagar un fuego que tú mismo podrías haber evitado no es un mérito. Es el coste de no haber planificado.
Y lo peor es que, mientras estás apagando el fuego de hoy, no tienes tiempo para evitar el de mañana.
Así que mañana, más de lo mismo.
Y pasado, también.
Hasta que llega un momento en el que confundimos estar hasta arriba de trabajo con estar gestionando bien.
Y no es lo mismo.
En IMPULSA-TE te ayudamos a identificar por qué tu empresa vive apagando fuegos, qué está fallando en su organización y qué tienes que cambiar para empezar a anticiparte a los problemas en lugar de limitarte a resolverlos.
Porque la rentabilidad no está en ser el mejor bombero de la empresa.
Está en conseguir que no haya incendios.
https://lp.gesso.es/diagnostico-gesso
Hasta mañana.
Juan Ramón Moreno