Mira, las cosas no se hacen por hacer.
Se hacen por algo.
Más aún, siempre que hagamos algo habrá un motivo principal.
El más evidente.
Pero, si rascas un poquito, hay más.
Por ejemplo:
Registramos los costes porque queremos saber a cuánto sube la fiesta de una obra.
Bien.
Pero también nos permitirá saber cuánto y cuándo tengo que pagar a los proveedores, dónde se está desviando la obra, si hay extras, si se me está perdiendo material o muchas otras cosas.
Y, ya puestos, me gustaría saber si los costes que estoy viendo son verdad o solo media verdad.
Porque tener información no significa necesariamente tener información fiable.
Y, para saberlo todo, el orden en el que los distintos roles van tratando esa información me va a ayudar bastante.
No es lo mismo que cada uno haga su parte cuando pueda, como pueda y en el orden que le venga bien, que establecer un proceso en el que cada tarea alimente a la siguiente.
Primero ocurre una cosa.
Después otra.
Y después otra.
Y cada una sirve, además, para comprobar que la anterior se ha hecho como toca.
Porque cuando el orden está bien pensado, no solo conseguimos que el trabajo fluya mejor.
Conseguimos que la información se contraste, que los errores aparezcan antes y que cada persona reciba lo que necesita para hacer bien su trabajo.
Y ahí está la diferencia entre hacer tareas y tener un sistema de gestión.
En IMPULSA-TE no analizamos únicamente qué hace cada persona de tu empresa.
Analizamos qué hace, cuándo lo hace, de quién recibe la información y a quién se la entrega después.
Porque muchas fugas de rentabilidad no están en lo que haces.
Están en el orden en el que lo haces.
https://lp.gesso.es/diagnostico-gesso
Hasta mañana
Juan Ramón Moreno