Las peores semanas de la obra.
Hay quien dice que las peores semanas en una obra suelen ser la primera del mes, la última y las dos del medio.
O sea, básicamente, todas.
Y esto, aunque no lo creas, es un síntoma. Y de los malos.
Porque un malestar generalizado de quien lo padece, fruto de gestionar una obra (o todas), nos habla de descontrol, de ir como pollo sin cabeza y de un nivel de estrés tan alto que le impide resolver cualquier tontería, por importante que esta sea.
Y date cuenta de que he juntado «tontería» e «importante» en la misma frase.
Porque, cuando el agobio y el estrés se instalan en una empresa, desde fuera resulta evidente cuál debería ser el primer paso: identificar las causas y cortarlas de raíz.
Y eso es de vital importancia, tanto para la salud como para la economía de la empresa.
Sin embargo, desde dentro ocurre justo lo contrario. La urgencia del día a día hace que todo lo demás pueda esperar, porque parece que «lo urgente es lo urgente, y lo demás son tonterías».
El problema es que, mientras sigues apagando fuegos, nadie se dedica a averiguar quién les está prendiendo fuego.
En IMPULSA-TE no venimos a ayudarte a correr más deprisa. Venimos a descubrir por qué corres tanto, qué está provocando ese caos y cómo recuperar el control para que la empresa deje de depender de la próxima urgencia. Porque una empresa no debería vivir sobreviviendo, sino creciendo con criterio.
https://lp.gesso.es/diagnostico-gesso
Hasta mañana
Juan Ramón Moreno