¿Y qué tienen que ver la una con la otra y la otra con aquella?
Pues nada de nada.
El tocino va muy bien para el sofrito del guisado.
La financiación, para absorber el desfase entre cuando cobro y cuando pago.
Y la rentabilidad es lo que queda después de pagarlo todo.
La primera da tranquilidad, porque sabes que no necesitas cobrar hoy para pagar a tus proveedores. Puedes cobrar la semana que viene.
El segundo les dará gustito, grasa y colesterol a tus guisos.
Y la tercera, la rentabilidad, es la que te va a dar la alegría.
Pues bien, ni se te ocurra confundirlos.
Porque solamente hay una cosa peor que pensar que las obras van bien porque tienes dinero en el banco:
Que tengas dinero en el banco por obra y gracia de una financiación, pero que no tengas ni puñetera idea de cómo te salen las obras.
Pero «todo va bien» porque hay dinero.
Hasta que deja de haberlo.
Y entonces descubres que la financiación no arreglaba la rentabilidad. Solo estaba tapando el problema.
Porque una cosa es tener dinero.
Otra, ganar dinero.
Y otra muy distinta, saber dónde lo ganas y dónde lo pierdes.
Y eso último no te lo dice el saldo del banco.
Te lo dice el control de tus obras.
En IMPULSA-TE empezamos precisamente por ahí: por saber qué está pasando de verdad con el dinero de tu empresa y con la rentabilidad de cada obra.
Porque antes de buscar más financiación, más facturación o más obras, quizá convenga responder a una pregunta mucho más sencilla:
¿Las obras que estás haciendo te están dejando dinero de verdad?
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Hasta mañana
Juan Ramón Moreno