Y pagar sueldos.
Y proveedores.
Y subcontratas.
Y la estructura de la empresa.
Ah, casi se me olvida: el beneficio.
Y los impuestos, claro.
Y esto, que parece tan evidente y tan de Perogrullo, pues a más de uno se le olvida.
Bueno, se le olvida o, como lo más habitual es que el control esté cogido con pinzas y el tiempo nunca sobre, resulta que todo empieza a complicarse.
A no contarlo todo.
A tener verdades a medias.
Y, ya puestos, a autoconvencerse de que el mercado está muy mal.
Y, de repente, los números no salen.
Porque el mercado está muy mal.
Pero ¿sabes una cosa?
Hay empresas a las que sí les salen las cuentas.
Y venden en el mismo mercado.
Compran a los mismos proveedores.
Contratan a los mismos oficios.
Pagan salarios parecidos.
Y soportan los mismos impuestos.
Así que, a lo mejor, antes de echarle la culpa al mercado, convendría mirar qué pasa dentro de casa.
Porque una obra no está para dar trabajo.
Ni para facturar mucho.
Ni siquiera para mantener ocupada a la empresa.
Una obra está para ganar dinero.
Y para eso hay que saber, desde que se presupuesta hasta que se termina, dónde se gana, dónde se pierde y por qué.
De eso va IMPULSA-TE.
De poner encima de la mesa cómo funciona realmente tu empresa, detectar dónde se te está escapando la rentabilidad y convertir las sospechas en números.
Porque al mercado no lo puedes controlar.
Lo que ocurre dentro de tu empresa, sí.
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El lunes más.
Juan Ramón Moreno