Error.
Tus hijos no quieren saber nada de un monstruo que hace que su padre se vaya a las seis de la mañana y vuelva a las nueve de la noche.
Todos los días.
Sin falta.
Salvo dos días de agosto, jueves y viernes, que, juntados con sábado y domingo, suman casi una semana de vacaciones.
Lo que quieren tus hijos es tener un padre —o una madre— que llegue pronto a casa de vez en cuando.
Que los sábados por la mañana pueda ir a verlos jugar al fútbol, o ir al cine por la tarde.
Y que el domingo por la mañana tenga tiempo para hacer una paella o una barbacoa, en lugar de estar sacando números y haciendo presupuestos.
Si tus hijos hubieran visto eso, probablemente estarían enamorados de esa empresa que les ha dado seguridad y que, además, permite a su padre tener tiempo libre cuando hace falta, cuando lo necesita o, simplemente, cuando le apetece.
Pero resulta que han visto otra cosa.
Han visto una empresa que se lo ha llevado todo.
Las horas.
Los fines de semana.
Las vacaciones.
Y, demasiadas veces, también a su padre.
Así que quizá el problema no sea que tus hijos no quieran saber nada de la empresa.
Quizá el problema sea la empresa que les has enseñado.
Porque una empresa que necesita que estés allí doce o quince horas al día para funcionar no te pertenece demasiado.
Más bien eres tú quien le pertenece a ella.
Y eso también se puede cambiar.
IMPULSA-TE no consiste en trabajar más para que tu empresa funcione mejor.
Consiste en poner orden, método y control para que funcione mejor sin necesitarte para todo.
Porque quizá el mejor legado que puedas dejarles a tus hijos no sea tu empresa.
Quizá sea demostrarles que se puede tener una empresa sin entregarle la vida a cambio.
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Hasta mañana
Juan Ramón Moreno