Oye, haber elegido muerte.
¿O no?
Porque está claro que uno, cuando decide gerenciar una empresa, le va a tocar hacer de todo.
Desde apagar un fuego en la obra, a pecho descubierto y sin manguera, hasta torear a algún cliente de rodillas y a puerta gayola.
Pero de ahí, a pasarse todo el día con el papel de bombero torero va un trecho.
Porque aquí lo importante no es que haya que resolver marrones, que eso va con el cargo y con el sueldo.
Lo importante es saber de dónde vienen, y que hacer para evitarlos.
Y cuando lo consigues, se ve todo tan fácil que desde fuera no se le aprecia mérito ninguno.
Pero créelo si quieres, o no lo creas, pero el buen empresario no es el que apaga fuegos presto y con pericia.
El buen empresario es el que consigue que no haya nada que apagar.
Algunos lo llaman suerte.
Yo prefiero llamarlo metodología.
Y de eso va IMPULSA-TE.
De dejar de correr detrás de los problemas para empezar a descubrir por qué aparecen.
De poner orden donde hoy hay urgencias, método donde hay improvisación y control donde ahora solo hay esperanza.
Porque si para que tu empresa funcione tienes que estar tú todo el día apagando fuegos, quizá el problema no sean los fuegos.
Quizá el problema sea que todavía no has construido una empresa que funcione sin incendiarse.
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Hasta mañana
Juan Ramón Moreno