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A ver si nos aclaramos.

Lo primero es ver que entendemos por “objetivos” de la empresa.

Básicamente, y en pocas palabras, es que “con lo que ingresamos de las obras debemos tener suficiente para pagar los costes directos, los indirectos, y además, que quede algo de beneficio”.

Así que lo primero es tener cuantificados esos objetivos.

Si no los tenemos, huelga todo lo demás.

Pero si los tenemos cuantificados, al compararlos con la realidad, pueden ocurrir tres cosas:

1.      Que lo acierte

2.      Que me pase por arriba

3.      Que me quede corto

El primero, no digo que sea imposible, pero raras veces pasa.

El segundo es lo que a todo el mundo le gustaría, pero pocos tienen la dicha de conseguirlo.

Y el tercero y último, que es más habitual de lo que parece, es el que suele provocar insomnio, ardor de estómago y episodios diarreicos agudos.

Es en este cuando el beneficio se queda pequeñiiito y arrugado como una pasa. Y da lástima verlo.

O hasta se nos muestra con un color rojo fuerte chillón (negativo, vamos).

Así que la recomendación del día es…

Define, Calcula, Planifica y Verifica los objetivos de la empresa.

Y así todo el rato.

¿Y eso cómo se hace?

Pues en GESSO Transformación te doy las claves.

¿Y cómo empiezo?

Fácil.

Solo tienes que pinchar aquí.

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¡El lunes más!

Juan Ramón Moreno

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