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A veces tengo algunas conversaciones curiosas (por decirlo de alguna forma), y no puedo resistir la tentación de traerlo a la newsletter. Lo confieso, soy débil.

Esta es una:

Me contaba el gerente de una empresa constructora que hace mucho tiempo que me sigue, que ve con mucho interés todo lo que hago, y que mi formación sobre gestión le pareció muy interesante cuando se la presenté hace ya varios años.

Pero que decidió no hacerla porque estaban de cambios en la empresa. Y claro, si con la formación encontraban algo que les gustara más, que fuera mejor y más eficiente, tendría que “cambiar los cambios”.

Y por ahí no pensaba pasar. No quería desviarse del camino.

Y ese es el motivo por el que le ponen anteojeras a los burros. Para que no vean lo que hay a su alrededor y no se distraigan. De frente. Siempre de frente.

¡Vamos a ver, alma de cántaro! Que cuando se promueve un cambio es para mejor. Y si en el proceso te das cuenta de que no estás en la dirección correcta, lo mejor que puedes hacer es variar el rumbo. De lo contrario lo único que consigues es abundar en el error.

Lo mejor de todo esto es que hay muchas empresas en las que prima el miedo al cambio, y se quedan como están. Mientras unas pocas apuestan por los cambios, y cada vez son más eficientes.

¿Te suena el refrán “En el país de los ciegos, el tuerto es el rey”? Pues de eso se trata justamente.

Las primeras funcionan a duras penas. Las segundas consiguen grandes beneficios.

¿Dónde quieres estar? ¿En el grupo de las “muchas”, o en el de las “pocas”?

¡Transforma tu empresa y vente al club del 10%! Vivirás mejor y más tranquilo

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¡Hasta mañana!

Juan Ramón Moreno

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