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Pues sí.

Es muy habitual que los jefes de obra de la empresa estén jodidos, pero a la vez contentos.

Y lo peor de todo es cuando se percibe lo segundo, pero no se es consciente de lo primero.

Es decir, todo es felicidad, alegría y la sensación de que “las cosas son así, porque así han sido toda la vida, y así han de ser”.

Y además “Hay cosas que no se pueden cambiar. Porque costaría mucho. Porque no tenemos tiempo. Y básicamente no se puede”.

Te pongo un ejemplo:

Imagínate una empresa de construcción, con 30 operarios, en la que tradicionalmente no se hacen partes de obra:

·         Porque los operarios son muy cabezones y no quieren.

·         Porque piensan que es para controlarlos a ellos.

·         Porque es mucho trabajo.

·         Porque para registrar todo eso necesitaría contratar a una persona.

·         Porque tener esa información costaría más que la ventaja que supone tenerla.

·         Y unos cuantos “porqués” más.

Total, que para esta empresa “no vale la pena”.

Y si además, el jefe de obra piensa que eso tendría que gestionarlo él, pues mejor no hacerlo, que bastante trabajo tiene.

Y he aquí un “Jefe de obra contento”.

Vamos a por la otra parte.

Como no se está recogiendo información de lo que se hace, ni cuanto se tarda, el jefe de obra no puede imputar costes al presupuesto.

Por lo que no puede saber cuánto le está costando cada unidad de obra (o cada unidad de control, o cada fase de obra).

O sea, podríamos decir que solo es capaz de ver los números gordos de la obra. Pero ni puñetera idea del detalle.

Y esto es, por definición, “Un jefe de obra jodido, pero contento”

Juan Ramón Moreno

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