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Cuando vamos a gestionar la empresa nos solemos fijar en dos cosas principalmente: lo que pasa en las obras, y lo que pasa fuera de las obras.

Si nos centramos en la segunda, es decir, en los gastos generales de la empresa, en primer lugar nos fijamos en lo “importante”, en los grandes números, en lo que supone más dinero para nosotros. Después nos fijaremos en los de menor cuantía, necesarios, pero menos importantes. Y ya después, si queda tiempo, entraremos en detalle y veremos dentro de esos apartados que está pasando.

Por ejemplo, supongamos que la empresa tiene un operario cuya principal labor es servir material a las distintas obras con una furgoneta.

Cada día tiene una lista de la compra, se pasa por el proveedor que toca (uno o varios), coge el material, y lo va repartiendo por las distintas obras.

Cuando termina el reparto o bien vuelve a la base, o se queda en alguna de las obras hasta finalizar la jornada de trabajo.

De aquí ya podemos ver algunas cosas:

  1. Tiempo dedicado a comprar y repartir material: Gasto general de la empresa
  2. Tiempo trabajando en alguna obra en concreto hasta finalizar la jornada: Coste directo de obra
  3. Tiempo de permanencia en la base de la empresa: Gasto general

¿Qué podemos hacer para tener esto controlado? Lo mismo que si se tratara de una obra. Este operario debe cumplimentar los partes de obra necesarios que reflejen lo que ha estado haciendo durante el día.

Por ejemplo:

El operario Jose García hará un parte de obra para la obra gastos generales:

Y otro parte de obra para la obra en la que ha permanecido 3 horas. Supongamos que es la obra 109-23.

De modo que, como vamos registrando cada día lo que ha pasado en la obra “Gastos generales 2023”, el listado de los costes registrados en una semana podría ser el siguiente:

Es decir, en la semana del 6 al 10 de noviembre hemos invertido 790.60 € en recoger y repartir material.

Que agrupado por distintas partidas de imputación nos resulta de la siguiente forma:

A la vista de esto se nos puede ocurrir una primera pregunta:

  • ¿Qué pasaría si en lugar de tener un pequeño almacén, donde apenas nos cabe una parte de la herramienta de la empresa, dispusiéramos de una nave donde pudiéramos acopiar todos los materiales que vamos a utilizar durante un mes?

Y consecuencia de esta surgen todas las demás:

  • ¿El precio del material de los proveedores podría mejorar al comprar por volumen?
  • ¿Los distintos proveedores nos traerían el material a nuestro almacén, en lugar de ir a recogerlo nosotros?
  • ¿Los responsables de cada obra podrían coger el material antes de salir del almacén de la empresa hacia su obra?
  • ¿Cuánto tiempo de espera (y de cabreos “porque no llega el material”) estamos evitando en la obra?
  • ¿Cuántos km de furgoneta (combustible, desgaste, etc.) nos ahorramos al mes?

La respuesta a todas estas preguntas hizo posible que un cliente de GESSO cambiara su pequeño almacén por una nave industrial de mayor tamaño, transformando un gasto disfrazado de algo necesario e indispensable, en una inversión inmobiliaria muy interesante, en mejorar la productividad de sus obras, en ser más competitivo que su competencia, y sobre todo, en ganar más dinero.