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Pues sí, no te lo voy a discutir. Eso de certificar por hitos es muy cómodo, y puede parecer que está muy bien. El cliente sabe lo que le vas a cobrar y cuando, y tú sabes lo que vas a ingresar y cuando. Ideal.

Hasta que llega la última facturita. Esa que, según tu contrato con el cliente, se corresponde con… “El 10% restante al finalizar la obra” (el 10, el 15 o lo que sea).

aquí es donde metiste la pata pero bien. Hasta el fondo.

¿Por qué?

Por dos cosas:

La primera es que esa última factura es la de la conformidad: “Hasta que no esté todo bien no te la pago”

La segunda es que la obra puede tardar en acabarse lo que no está escrito. Y una obra que era de un mes y medio puede alargarse a cuatro, da lo mismo de quien sea la culpa, pero con que falte la escobilla del inodoro, porque la que le gusta a la cliente no está, la obra no está acabada.

Y ya sea por una, o por otra, o por las dos, vas a tener empantanado un 10% de la obra (o lo que sea), cuando en realidad el tema era “peccata minuta”.

¿Y de quien es la culpa? Tuya y solo tuya, porque según lo que has puesto en el contrato el cliente tiene toda la razón.

Así que puedes hacer dos cosas, irte al rincón de llorar y flagelarte un rato, o te apuntas a mi curso y descubres lo que tienes que hacer para que no te vuelva a pasar. En tus manos está.

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¡Mañana más!

Juan Ramón Moreno

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